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Número 35 - La discapacidad en el cine y la ficción Verano 2005

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Hidroterapia: el agua como medicina de cuerpo y mente

Desde tiempos ancestrales, el agua ha sido una medicina natural que beneficia a todo el cuerpo. Los romanos apreciaban los beneficios sociales y saludables del baño, y los griegos atribuían al agua propiedades curativas. En los últimos tiempos ha resurgido el interés sobre la utilización del agua como medio de mantener la salud y el bienestar; así como para desintoxicar el organismo y estimular la respuesta del sistema inmunológico.

Podríamos definir la hidroterapia como el proceso terapéutico que consiste en la curación, el tratamiento o el alivio sintomático de las enfermedades, de todo el cuerpo o partes de él, por efecto del agua, bien por su efecto térmico, bien por sus propiedades mecánicas. La hidroterapia puede aplicarse tanto en forma motriz, es decir, de forma externa, utilizando y aprovechando la fuerza y propiedades del agua, como en ingesta, o sea, mediante el consumo regulado y controlado de aguas medicinales o de manantiales con características y propiedades específicas. Dado el gran campo que abarca la hidroterapia en este artículo hablaremos especialmente sobre los efectos del agua aplicados externamente.

Existen diversas maneras de aplicar el agua y muchos de sus beneficios variarán dependiendo de una u otra pero, no obstante, se pueden generalizar diversos efectos presentes en todas ellas. Sobre el sistema cardio-circulatorio, deberemos tener en cuenta la temperatura del agua, de forma que si nos sumergimos en agua fría conseguiremos una vasoconstricción periférica, esto reducirá el aporte sanguíneo en las zonas dístales y lo dirigirá a órganos más internos, y de esta manera estaremos produciendo hipertensión y aumentando la frecuencia cardiaca. Por otro lado, si lo que aplicamos es agua caliente los efectos serán los contrarios, habrá vaso-dilatación en las extremidades, mejorando el riego en estas zonas, y produciendo hipotensión y reducción de la frecuencia cardiaca.

Otro efecto que no podemos pasar por alto es el producido por la inmersión (en baños o piscinas). Ésta favorece el retorno venoso, disminuyendo los edemas y la retención de líquidos. Al mismo tiempo, el aumento del retorno venoso es interpretado como una "falsa sobrecarga hídrica", activándose un sistema de enzimas (renina-angiotensina-aldosterona) a nivel del riñón y incrementando de esta manera la diuresis de forma natural (muy importante en personas con problemas de corazón).

Sobre el aparato locomotor (músculos y esqueleto), el medio acuático posee dos características esenciales que lo diferencian del medio terrestre: la flotación, gracias a la disminución de la gravedad; y la resistencia al movimiento debido al aumento de densidad del agua con respecto al aire. La flotación nos proporciona mayor libertad de movimiento, importante para personas con movilidad reducida por lesiones músculo-articulares, obesidad o dificultades motoras en general. También disminuye el impacto a nivel de rodillas y tobillos y cualquier caída estará amortiguada. Por otra parte, la resistencia que nos ofrece es la más adecuada para tonificar la musculatura.

Dependiendo de la temperatura y del tiempo de aplicación también conseguimos cambiar los efectos, de manera que una aplicación breve de agua fría actuará como tónico (aumento del tono muscular) y la prolongada como sedante (disminución del tono muscular). También debemos añadir que el agua caliente, en aplicaciones breves, seda y descongestiona el organismo y el tono muscular, logrando que el cuerpo se sienta más relajado y en prolongadas, descongestiona el cuerpo relajándolo en su totalidad.

A nivel respiratorio la inmersión produce compresión de la cavidad torácica por la presión que ejerce el agua. De esta manera se fortalecen los músculos relacionados con la inspiración, a la vez que se facilita la espiración. En el sistema neurológico, los cambios térmicos influyen en la regulación del sistema simpático-parasimpático el cual influye en la regulación de aparato digestivo, cardio-circulatorio, respiratorio, renal, etc. Para personas con espasticidad es muy importante destacar que una terapia combinada a base de agua a temperatura caliente, inmersión y chorros ejerce un efecto sedante en todo el sistema neurológico que, junto al relajamiento de la musculatura, favorece a la reducción de la misma.

A nivel psico-emocional, la temperatura caliente del agua ejerce un efecto relajante, conduciendo al bienestar físico y psíquico, aliviando tensiones y estrés. Concretamente, la hidroterapia en piscinas puede ser de gran ayuda para patologías psíquicas (estados de ansiedad o episodios depresivos) ya que la actividad física hace aumentar la sensación de bienestar (se incrementa el nivel de endorfinas en sangre). Esto, junto al placer que ya de por sí aporta el agua, la relajación obtenida y la integración y relación social, se crea un clima óptimo para la mejoría de dichas patologías. En las terapias con baños y/o chorros, gracias al entorno de tranquilidad y el trabajo sensorial profundo con el terapeuta, se consigue el equilibrio emocional.

Después de conocer los beneficios de la hidroterapia, también debemos interesarnos por sus efectos adversos o contraindicaciones. Éstas están muy asociadas a la técnica de aplicación, a su temperatura y sobre todo a la patología que se padezca. Un ejemplo de contraindicaciones para todas las modalidades de hidroterapia podrían ser enfermedades infectocontagiosas, enfermedades agudas con fiebre o patologías víricas, enfermedades respiratorias o cardiológicas de gravedad extrema o descompensadas que precisen otros tratamientos más agresivos, o algunas enfermedades de la piel o de las mucosas, así como enfermedades micóticas (provocadas por hongos).

Por todo esto es necesario antes de iniciar ningún tratamiento informarse bien de sus características, efectos, beneficios y contraindicaciones y siempre realizarlo bajo la supervisión de un profesional. En un próximo artículo hablaremos de las distintas maneras de aplicar externamente el agua.

Patricia Gil

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