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Número 35 - La discapacidad en el cine y la ficción Verano 2005

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Interpretar la discapacidad. Entrevista a Ferran Carvajal

Hace cinco años, Esteve Rovira propuso a Ferran Carvajal un papel en una nueva teleserie que dirigiría en TV3, El Cor de la Ciutat. Se trataba de Narcís, “un bomboncito” de personaje –le dijo-, un chico “con una leve discapacidad psíquica” que debía tener una cierta continuïdad en la serie. Cinco temporadas después, el culebrón se ha convertido en uno de los productos de más éxito de la televisión pública catalana, y Narcís se ha convertido en un referente en el imaginario colectivo de los catalanes. Es seguramente el personaje con discapacidad más conocido en el país. Ferran nos ha contado cómo se construyó Narcís.

¿Cuando te ofrecieron el papel, cómo te lo tomaste?
Me gustó mucho la idea. Hacía tiempo, incluso antes de dedicarme a trabajar de actor, había trabajado como monitor para personas con discapacidad en diferentes centros con niños con síndrome de Down, parálisis cerebral y otras discapacidades. Quizás por ser tan consciente de esta realidad y lo que supone para las familias y para los chicos, por un lado tuve la ilusión como actor, pero por el otro, el miedo por ver cómo podíamos hacer esto. El formato, a priori, no ayudaba mucho. Era una serie que se tenía que emitir cada día, en la que los niveles de producción son muy ajustados, con lo cual se trabaja muy intensamente. Cada día se graba un capítulo. Yo sabía que eso suponía unos riesgos. Tuvimos una reunión con Luís Arcaratzo, el ideador de la serie, para detallar cuál era la visión que tenían. Fue una conversación bastante abierta. Me dieron una visión genérica de cuáles eran las líneas generales. En ningún momento me hablaron de una limitación concreta o de una enfermedad, sino que intentaron acotar cuáles eran los límites del habla. Yo pedí unos guiones previos para ver qué construcción mental de los discursos hacía. Era interesante para ellos que Narcís tuviera continuidad, y entonces querían un personaje que fuera rico en ciertas características, que tuviera cierta autonomía, para poder funcionar a largo plazo. Es decir, que no nos limitara en las situaciones dramáticas, que en definitiva es lo que íbamos a hacer, una serie dramática. Yo quería aportar unos ingredientes de realidad, de verosimilitud, de riesgo, para dar visibilidad al colectivo. Lo más complicado fue hacer esta ecuación.

Entonces tu ya conocías bien la realidad del colectivo antes de tener que interpretar el personaje.
Sí, para pensar en Narcís no tuve que ir a ver un centro de personas con discapacidad, porque ya les tenía muy cercanos, tenías sus nombres y apellidos bastante claros. Sabía con qué me podía mover. Para mí lo más complicado fue la elección, porque este tipo de series que tienen tan largo recorrido, los personajes te los dan y a veces si preguntas mucho más te dicen que pueden irse modificando, que sus comportamientos pueden ir hacia otro lugar; los buenos pueden pasar a ser malos. Pero yo tenía muy claro que eso no podía pasar con Narcís. Su discapacidad debía ser la misma desde el primer día hasta el último.

¿Te costó engendrar a Narcís? ¿Lo habías ensayado mucho?
El primer día que vimos a Narcís fue el día que tuvimos la primera secuencia.

¿Salió allí, de repente?
Antes había hecho mi trabajo, como todos los actores. Existe un trabajo previo. Yo venía con mi configuración hecha. Noté que me daban mucha confianza de cara a hacer la propuesta. Me acuerdo que hicimos una primera secuencia que era muy sencilla. Yo estaba jugando a la máquina del millón y mi hermano llegaba. Teníamos... nada, dos frases que no daban pie a mostrar muchas cosas del personaje. Se lo enseñé a Esteve, que era el realizador de aquella secuencia, y me ajustó alguna cosita pero lo vio bien. La máxima era “no pasarnos”. Y yo les decía “¿Qué tenemos que hacer?¿Una pared? ¿Un mueble?”.

¿Qué quería decir “no pasarnos”?
Su “no pasarnos” era mi “no pasarnos”. Era el límite que yo me había fijado cuando me dieron el personaje. Era dar de él una visión coherente, que fuera creíble. Yo tenía miedo de otros casos que había visto en los que ciertos personajes cuando se cae en el estereotipo pueden llegar incluso a ser ofensivos.

¿Qué respuesta tuvo en la audiencia Narcís cuando la serie se empezó a emitir?
Fue sorprendente para todos. Yo recuerdo a la semana siguiente de la emisión que Esteve me explicó que había ido a la radio y un periodista le había preguntado si era muy complicado dirigir un actor con discapacidad. A mi directamente me llamaron padres de chicos con los que había trabajado muy agradecidos porque encontraban muy justa la visión que se daba de el personaje.

¿Todas las reacciones fueron positivas?
En general todo fue muy positivo. Más adelante, cuando la serie iba avanzando, sí que hubo momentos en los que encontramos discrepancias. Espectadores bastante afines a esta realidad hubo un momento en el que consideraron que la visión que se daba a largo plazo era excesivamente benevolente con el personaje y su entorno. Para algunos padres, es más dolorosa la convivencia, el día a día de estos chicos. Sí es algo en lo que yo en algún momento insistí: gente que nunca te ha tratado -en la serie- ves que tienen una mirada muy condescendiente, excesivamente protectora, y yo siempre lo he intentado eliminar. Es interesante mostrar el trato con la máxima normalidad posible. Narcís es un individuo más, con unas características especiales, pero son las suyas. Otro llevará gafas, a otro le faltará un dedo y otro será tartamudo. A veces somos excesivamente correctos o amables, y yo siempre he sido partidario de todo lo contrario.

¿En general, pero, crees que Narcís es un personaje verosímil? ¿Es fiel a la realidad?
Yo creo que bastante, aunque quizás se ha podido edulcorar. A veces Narcís se ha utilizado, como pasa con otros personajes ingenuos o con los niños, como visionario. Dan un punto de vista que de repente tiene una lucidez increíble. Y a lo mejor responde sólo a la casualidad. De eso no sé si se ha abusado, pero se ha utilizado mucho. También responde a un recurso dramático, no tanto a un documental social. Eso debemos tenerlo en cuenta: estamos haciendo una serie dramática. Por parte de los guionistas, desde el principio ha habido mucho cuidado. Se han puesto en contacto con talleres, con asociaciones de padres... En la primera y no sé si también en la segunda temporada había un guionista dedicado sólo al personaje de Narcís.

¿Recuerdas algún momento en el que se ve claro que ‘El Cor de la Ciutat’ es un dramático?
Hubo una temporada en la que se dio una licencia a la magia. Es el momento en el que Narcís conoce a Esperança y pierde la virginidad. El lazo que se puso fue un poco espectacular: Narcís conoce una domadora de delfines; ella le encuentra algo especial y decide hacerle un regalo o hacerse un regalo mutuo y el pierde la virginidad con ella. Éste fue un caso en el que muchos padres nos dijeron que eso no respondía a la realidad y que hacía que los chicos confiaran en algo que seguramente nunca encontrarían. Yo consideraba que aquí debíamos tener en cuenta que es una serie dramática.

¿Crees que el personaje se ha mantenido llano a lo largo de las temporadas?
Yo creo que sus bases se han mantenido. Sí ha habido características que yo he ido modificando de modo natural. Son características que forman parte de la evolución natural del personaje más que de su discapacidad.

¿Notas un cierto desgaste por haber interpretado este personaje durante cinco años?
No especialmente. Es un regalo doble: es un personaje que el espectador agradece mucho porque tiene un componente de espectacularidad añadido, y para mi es el mismo trabajo que haría con otro personaje. Precisamente me es más atractivo porque con él necesito trabajar con una línea delicada: el control de la falta de control. Es aquello que hace que en cada secuencia que repetimos los recursos físicos que tenga que utilizar sean distintos, porque para estar muy vivo se deben de practicar al momento.

¿Crees que Narcís es un referente para las personas con discapacidad?
No hay una estadística. Yo tengo referentes concretos. Nosotros hemos grabado en talleres de ocupación o hemos estado con chicos que han venido al plató. Educadores y profesores dicen que muchos de ellos nos ven y son fans.

¿Por aquel fenómeno que la gente confunde actor y personaje, con qué situaciones te has encontrado en la calle?
Tengo ventaja yo. Las características que tiene Narcís se alejan bastante de las mías, y eso hace que esta confusión no se pueda dar. Además, ha evolucionado mucho el espectador de televisión aquí, en Catalunya. Hace muchos años que se hacen series, y hemos llegado a este punto en que les hace más gracia conocer a los actores que a los personajes.

¿A Ferran le ha cambiado ALGO después de cinco años de ponerse en el papel de Narcís?
No sé si yo he cambiado. El verano pasado tuve la posibilidad de hacer una conferencia en la Universidad de Cantabria sobre la concepción social de las personas con discapacidad en los medios de comunicación. Llevé algunas secuencias de la serie, y me sorprendió mucho cómo temáticas que son tabú en muchos centros de España son temas que nosotros estábamos tratando desde un punto de vista bastante moderno y progresista. Sí creo que en cinco años de mostrar una realidad, de ser presentes, ha sido muy positivo para la audiencia y para le colectivo de personas con discapacidad. Muchos padres tienen ahora visiones diferentes sobre la manera cómo deben enfocar varios temas delicados, como la sexualidad o el tener hijos.

¿Crees que las personas con discapacidad están poco representadas en los medios de comunicación?
Creo que en lo poco que aparecen, muy a menudo son tratados con demasiada superficialidad, y se cae en estereotipos.

Marc Martínez Amat
Coordinador de la revista Esclat

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