| Número 32 - Discapacidad y consumo | Otoño 2004 |
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Diseño para todos
Es durante estas fechas navideñas cuando es más evidente que nos encontramos en una sociedad de consumo, y que comprar y vender es el mecanismo básico que acciona el principal engranaje de nuestra economía. En el mercado encontramos una gran diversidad de productos, pero desgraciadamente no todos ellos están pensados para que los puedan usar personas con discapacidad. Cuando nos vamos de compras nos encontramos con una limitación que incluso en muchos casos sólo podemos solucionar buscando productos adaptados. Existe, por lo tanto, una segregación entre los productos hechos para una mayoría de consumidores, y otros pensados especialmente para grupos minoritarios.
Desde ya hace unos años se está promoviendo una nueva filosofía de diseño que quiere romper con este planteamiento porque cree que los productos pueden ser concebidos para toda la población sin que eso conlleve un coste añadido para la empresa, o por lo menos no un coste muy grande. Es el denominado diseño para todos (o diseño universal en la terminología norteamericana). Por definición, el diseño para todos es una estrategia que tiene por objetivo hacer que los productos y los servicios de nuestro entorno sean accesibles, comprensibles y utilizables para todo el mundo dentro de lo posible, y de la manera más natural e independiente posible, sin tener que recurrir a adaptaciones. El objetivo básico es simplificarnos la vida a todos.
¿Por qué debemos suponer que una empresa querrá esforzarse a diseñar sus productos para llegar a toda la población y no sólo a la mayoría? Pues porque en realidad cuando la empresa simplifica los productos y los hace accesibles a las personas con discapacidad no sólo está repercutiendo en los consumidores con discapacidades sino que facilita las cosas a la población en general. Un ejemplo muy claro lo encontramos en el mando a distancia de la televisión. Este aparato fue concebido para que las personas tetraplégicas pudieran cambiar el canal del televisor sin necesitar ayuda. Sin embargo, hoy en día no hay aparato de televisión en el mercado que no incluya el mando.
Sin ser conscientes de ello, el diseño para todos va modificando los productos que consumimos habitualmente. Hace pocos años para abrir un tetrabrick necesitábamos unas tijeras o una cierta destreza para desgarrar el cartón. En cambio, ahora la mayoría de las bebidas envasadas en tetrabrick tienen un tapón y una pestaña para abrirlo. Cuando vamos al cine o a un restaurante de comida rápida nos bebemos la bebida en un vaso de plástico tapado y con una caña, un diseño que permite que el líquido no se nos derrame y que inicialmente fue concebido para personas con discapacidad. Desde el paquete de arroz hasta la lata de atún han pasado y pasan por el filtro del diseño para todos.
En el terreno de la administración pública, el Consejo de Europa adoptó en el año 2001 una resolución por la cual los estados miembro de la Unión deben incluir los principios del diseño para todo el mundo en la formación de arquitectos, ingenieros, diseñadores y urbanistas. Pero lo cierto es que, al margen de ganar adeptos en la Administración, también las empresas están adoptando los principios del diseño universal con el fin de que todos los clientes potenciales los compren los productos. Por eso las compañías crean sus productos para que puedan usarlos no sólo personas con discapacidad sino también otros colectivos como las personas mayores o los zurdos.
Esto no siempre se puede conseguir. La teoría del diseño para todos explica que, en los casos en qué un producto no es universal, la oferta debe asegurarse de abastecer el mercado de una amplia gama de variedades. Es lo que pasa, por ejemplo, con los teléfonos móviles: la gran variedad que encontramos en el mercado permite encontrar un teléfono con los botones y la pantalla lo suficiente grandes para que pueda usarlo una persona con dificultades de visión. En otros casos, lo que la oferta debe crear es un producto regulable que se adapte al usuario, como sucede con las sillas más modernas.
El diseño para todos se podría incluir dentro del marketing más avanzado, toda una filosofía que va más allá de la misma accesibilidad. La idea base es que todos productos de hoy en día, para que sean valorados socialmente, tienen que ser funcionales, seguros, saludables, sostenibles y estéticos.
Hasta hace poco, los productos diseñados para que pudieran servir a las personas con discapacidad eran objeto de algunos tópicos, por lo que las empresas se mostraban reticentes a concebir sus productos porque fueran universales. El primero tópico hacía creer que diseñar los productos para que fueran accesibles a personas con discapacidad encarecía su producción. La demostración que esto no es cierto la encontramos, por ejemplo, en los ascensores: conseguir comprar uno poco accesible hoy en día es más caro que comprar uno accesible. Pasa lo mismo con los autobuses de piso bajo.
Otro tópico señala que el diseño pensado para personas con discapacidad es estéticamente poco agradable. Los expertos del diseño para todos creen que el producto que resulta feo al consumidor no cumple uno de los criterios del diseño, que es el estético. Los vados que permiten que las personas que circulan en silla de ruedas bajen de la acera para cruzar un paso de peatones en Nueva York son un plano inclinado hecho de asfalto y de una anchura de 90 cm, la justa que permite que pasen las sillas. Sin embargo, esta solución es poco visual e incluso molesta para los peatones y los vehículos. En Barcelona, en cambio, el vado consiste en la sustitución del canto de la acera por un allanamiento, que permite el paso de sillas por todo el ancho del paso de peatones y no molesta ni a los ciudadanos que van andando ni a los conductores, además de ser mucho más visual. He ahí un ejemplo de cómo el diseño puede encontrar soluciones para que un objeto universal sea a la vez estético.
LOS SIETE PRINCIPIOS
Un equipo de expertos de tres universidades estadounidenses estableció
unas pautas a seguir en el diseño de productos y servicios para todos.
Los autores trabajaron con arquitectos, diseñadores industriales, ingenieros
e investigadores ambientales para fijar siete principios orientativos para diseñar
para todos:
1. Uso equitativo. El producto debe tener un diseño pensado para todos los usuarios y que lo haga útil a todas las personas en todos los casos. Si tanto no es posible, al menos que todo el mundo pueda hacer de él un uso equivalente. El diseño del producto tiene que proporcionar la misma privacidad y seguridad y debe ser igual de accesible a todos los usuarios, evitando segregar o estigmatizar a alguno.
2. Uso flexible. El diseño debe acomodarse a una amplia variedad de preferencias y capacidades de los usuarios. Tiene que proporcionar diferentes opciones para su uso, tiene que permitir que puedan acceder a él diestros y zurdos, y debe adaptarse al ritmo y a la precisión del usuario.
3. Uso simple e intuitivo. El diseño tiene que hacer fácil el uso del producto sea cual sea el conocimiento que de él se tiene, la experiencia, la habilidad lingüística o el nivel de concentración del usuario. Se debe eliminar la complejidad innecesaria, ordenar la información por importancia y permitir el feedback con el usuario durante y tras completar la tarea.
4. Información perceptible. El diseño debe ser efectivo comunicando la información necesaria para el usuario, pese a las condiciones del entorno o las capacidades sensoriales del usuario. Puede usar diferentes modos (icónico, verbal, táctil) y ser redundante con la información esencial, que se tiene que destacar en contraste con la menos importante y se debe hacer lo más legible posible.
5. Tolerancia con el error. El diseño debe minimizar los peligros y las consecuencias de acciones accidentales o no intencionadas. Se deben hacer más accesibles los elementos más utilizados y eliminar, proteger o aislar los más peligrosos, que de deben advertir claramente al usuario.
6. Mínimo esfuerzo físico. El diseño puede ser utilizado con eficiencia y comodidad y con el mínimo cansancio. Debe permitir al usuario mantener una posición del cuerpo neutral, debe precisar una fuerza razonable para funcionar y minimizar las acciones repetitivas y el esfuerzo físico desmesurado.
7. Medida y espacios adecuados para el acceso y uso. El diseño debe proporcionar la medida y el espacio más apropiados para el acceso, la manipulación, la posición y la movilidad. Es necesario mantener a la vista los elementos importantes, tanto para los usuarios de pie como para los que accedan al producto o servicio sentados, que tienen que poder usarlo cómodamente. Se debe dar el espacio adecuado para los usuarios que necesitan usar aparatos o personal de asistencia.
ENTREVISTA FRANCESC ARAGALL
Una de las voces autorizadas en nuestro país para hablar de
diseño para todos es Francesc Aragall, director general de la consultoría
de accesibilidad y diseño para Todos ProAsolutions y presidente de la
Design for All Foundation. Aragall formó parte como director gerente
en su día del Consorci de Recursos i Documentació per a l’Autonomia
Personal (CRID), una de las primeras entidades que hablaron de diseño
para todos y que a partir de la Declaración de Barcelona (1999) difundió
y implantó este concepto en Europa.
¿Con qué propósito se creó
el CRID?
Nació con la intención de exportar fuera de Barcelona lo que habíamos
aprendido cuando se organizaron los Juegos Olímpicos y los Juegos Paralímpicos
del 92. Tanto para contarlo a los municipios como para las actividades y servicios
de las empresas. El CRID se acercó a quien nadie se había acercado
nunca antes: a las empresas de diseño, para contarles que esto del diseño
para todos era posible. Fue la primera entidad al mundo que empezó a
hablar de diseño para todos.
¿Cuál fue su principal éxito?
Seguramente fue llamar las cosas por su nombre. Explicar que el tema de la accesibilidad
no tenía que ver exclusivamente con las personas con discapacidades sino
con toda la población en general. Por ejemplo, el CRID fue capaz de hablar
con los técnicos responsables de transporte en su lenguaje. En definitiva,
transformó y tradujo la reivindicación de unos determinados colectivos
a un lenguaje que pudieran entender la administración y el sector privado.
¿En cuanto a resultados concretos del CRID, podemos
encontrarlos hoy en día pese a que la entidad se haya extinguido?
Las máquinas expendedoras de Transports Metropolitans de Barcelona y
de Ferrocarrils de la Generalitat son accesibles a todo el mundo gracias al
CRID, por ejemplo. O el gran número de planes de accesibilidad que han
elaborado los ayuntamientos. Los políticos del Ajuntament de Barcelona
creyeron mucho en que la ciudad tenía que ser para todo el mundo. Asumieron
que en el 2006 la ciudad debía ser del todo accesible y, de hecho, está
en condiciones de lograrse.
¿Y hubo también resultados en el ámbito
privado?
Bien, firmamos convenios de colaboración para asesorar empresas en Dinamarca
y en otros países, por ejemplo. Desde el CRID se creó la coordinadora
del diseño para todos en España, donde está Once, el Imserso,
la UPC, las escuelas de diseño, etc.
¿Cómo es que se acabó el CRID?
Yo me marché antes de que se terminara. Me fui porque en un momento determinado
hubo una reformulación que planteaba que el CRID podía asumir
la gestión de temas de accesibilidad conjuntamente con la gestión
de temas de inmigración. La inmigración se puede tratar desde
una perspectiva de diseño para todos, pero las herramientas para tratar
la discapacitación son básicamente técnicas, y las de la
inmigración son políticas. Yo me marché con una plena voluntad
de colaboración, pero el hecho es que la desaparición del CRID
confirma que llevar el diseño para todos junto con la inmigración
no era efectivo.
¿Crees que ha dejado un vacío su desaparición?
No exactamente. La Administración y la sociedad civil han asumido su
mensaje. En su día si que encontramos un vacío y por esto creamos
la Desing for All Fundation, que venía a cubrir esta necesidad de comunicar
a las empresas y entidades públicas que el diseño para todos es
una cuestión no sólo económica, sino que es un tema de
responsabilidad social.
Marc Martínez Amat
Coordinador de la revista Esclat

