



| Número 28 & 29 - Derechos | Otoño/Invierno 2003 |
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Evolución y cambio en el taller
El taller de pasta de papel del Centro Ocupacional Esclat 2 se basaba en el reciclaje de papel. Este material permitía desarrollar trabajos sensoriales, manipulativos y de coordinación.
La idea de cambio y transformación del taller de pasta de papel en el taller de creatividad y reciclaje surgió a partir de las diferentes preguntas que entre educadores y usuarios se plantearon, sobre la posibilidad de poder hacer objetos de complemento o decorativos, mediante la utilización de otros materiales que no fuesen directamente la pasta de papel ni el cartón piedra.
Nuestro problema radicaba en encontrarnos con materiales que pudieran ocasionar lesiones al usuario o bien que estos no fuesen asequibles. Por eso comenzamos a diseñar entre todos de qué forma y qué material iba a utilizarse en la elaboración de estos objetos. Planteamos y diseñamos gráficamente cada producto y decidimos recopilar los materiales necesarios (botellas de plástico, velas usadas, pasta de sal y cartón, etc.).
A continuación, comenzamos a formar la estructura de los talleres, especificando los diferentes procesos por los que pasaba el producto desde su diseño (trabajo intelectual) hasta llegar a su acabado (trabajo físico). En la medida en que íbamos avanzando en el desarrollo tangible de nuestras ideas, fuimos descubriendo los problemas que iban apareciendo con respecto a los materiales utilizados, pero también de índole personal y de capacidad de comprensión de los procesos.
Planteamiento de una dinámica compartida
Al realizar un taller básicamente manual, el reciclaje nos permite fabricar todo tipo de objetos (cajitas, cuadros, juguetes, etc.) pudiendo desarrollar muchas de las facultades psicomotrices (dependiendo de cada persona), pero cuando se lleva a la práctica con los usuarios se ofrece como un proceso ya definido, es decir, el educador ya ha sido el único protagonista en la “iniciativa-idea” a realizar.
A la hora de programar, olvidamos con frecuencia el criterio del propio usuario o usuaria del programa y nos centramos mucho más en la adecuada coordinación psicomotriz. Este centro de prioridad tan único incita a descuidar la capacidad creadora de cada persona para proponer una tarea o diseño de su agrado.
Es aquí, en el propio criterio del usuario, donde hemos ubicado la creatividad como una relación dinámica entre educador-usuario-trabajo-producto, haciendo posible la constante intervención del usuario en la elaboración del programa del taller.
Nuestra prioridad era proporcionar apoyo al usuario para aumentar su capacidad de diseñar sus “ideas” y llevarlas a cabo, siendo constantemente consciente y protagonista del proceso y elaboración de un taller (“su taller”), dejando al educador como instrumento y recurso humano en su realización.
Era necesario crear una dinámica con la que adquirieran la necesidad de tomar notas, de organizar el trabajo con anterioridad, de distribuir las tareas que comportan todos y cada uno de los procesos que se llevan a cabo para la elaboración o transformación de unos elementos en otros.
Había que contar con las dificultades físicas y cognitivas que pudieran presentar cada uno de los usuarios, para poder definir y diseñar los apoyos necesarios en cada caso, así como dinamizar el trabajo en equipo para suplir y compensar los hàndicaps.
Cuando estaban todos los subtalleres en funcionamiento pudieron comprobar que todo aquello sobre lo que se había hablado y propuesto, podía llegar a realizarse.
Fue de esta forma, y al tomar conciencia de lo difícil que resulta hacer aquello que deseamos, y todo a la vez, cuando ellos mismos propusieron seguir un orden (mediante registros) en la forma de realizarlo. Con todo ello, todavía no entendían que una de las partes o procesos que conllevaban la elaboración de un objeto, era sencillamente eso: una parte de un todo.
Una vez comprendida esta observación, el trabajo era definir: 1) qué se quería hacer, 2) cómo se iba a hacer, 3) quiénes iban a intervenir y en qué parte del proceso, 4) cuándo se haría, 5) dónde y qué utensilios serían necesarios, y 6) qué finalidad podría tener aquél objeto.
1) Las decisiones e ideas se comentaban en diferentes sesiones, por ello fue necesario tomar notas (para lo cual utilizábamos una pizarra con impresión al papel, y de esta forma se constataba delante de ellos que obviamente era aquello sobre lo que se había discutido), y dejar las copias impresas en un lugar del taller donde, en cualquier momento de duda, podían ser consultadas. De esta forma se ubicaban las “cosas” debatidas, así como las ideas que iban surgiendo.
2) Ahora la tarea se centraba en saber diferenciar cada uno de los procesos de transformación de una manera asequible para las personas usuarias del taller, es decir, dejar a un lado la teoría y comenzar la práctica. Para ello era imprescindible la plena participación de los usuarios en todo momento, provocando entre ellos una interacción que les llevaba a la casi completa autonomía (trabajo en grupo).
3) Así llegaban a comprender parcialmente o en su totalidad (según los casos) los diferentes procesos a realizar en la tarea que se pretendía llevar a cabo. Se dieron cuenta de que entre ellos podían solucionar las diferentes trabas que iban surgiendo. Se trabajó como un todo la tarea, sin ubicar a nadie en un proceso concreto. Mediante su propia experimentación llegaron a ver en qué procesos podían intervenir solos, en cuáles necesitaban una ayuda “mecánica” (objeto, referencia, herramienta, adaptación de herramienta) o cuándo necesitaban ayuda de un educador o compañero. Poco a poco se situaron ellos mismos, y cuando ya tenían ese paso “adquirido” se presentaban y se ofrecían a realizar otros.
4) Teniendo en cuenta que realizar tres o más subtalleres dentro de un mismo horario facilitaba la confusión, se comenzó a asignar los talleres, guardando la premisa de que un mismo grupo no pudiera trabajar en dos subtalleres simultáneamente.
Para agilizar y facilitar la comprensión de aquello que habían realizado los usuarios se decidió hacer dos paneles: uno donde se describían los subtalleres con cada uno de sus procesos y otro con los grupos y días que trabajaban los usuarios, para reforzarlo visualmente cada taller tenía un color. De esta forma resultaba evidente a primera vista todo el abanico de talleres del programa anual.
El panel de grupos y días se llamó panel de registro, el cual contenía la información individual de cada uno de los usuarios por el color del taller en los días que lo habían realizado y dentro de la casilla coloreada, el número de pasos que podían llegar a realizar y con qué tipo de apoyos y recursos (para esto se añadía una letra referente con el objetivo de simplificar la anotación). Así podía reflejarse de manera rápida y sencilla el taller que se había realizado y cuánto tiempo se le había dedicado.
En otro panel más pequeño quedaba la producción realizada. Una vez observado por ellos mismos todo el trabajo realizado se consultaba el programa anual de talleres, donde el grupo elegía el próximo taller a realizar.
5) Como ya hemos señalado, era muy importante presentar el espacio físico del taller con las áreas de trabajo bien delimitadas y con las herramientas bien ubicadas y ordenadas, para hacer más ágil la comprensión de todo aquello que se trabajaba.
De esta manera cada área de trabajo era un proceso de su diseño y el usuario se ubicaba por elección propia en el lugar deseado.
Una vez situado, se tomaba en cuenta todo lo comentado acerca de la dificultad de maniobrar con la herramienta adecuada y el peligro de que se pudiera dar algún tipo de lesión. Si el peligro era amplio (manipulación de guillotina de papel, sierras, formones, martillos, etc.) era el educador quien intervenía en su ayuda. Si el problema era de manipulación, ellos mismos miraban de ayudar y contrarrestar el hándicap de su compañero, comportando todo ello una fase más en la tarea.
6) Una vez acabado el objeto se mostraba a todos los grupos y se debatía acerca de sus posibles usos.
Para nosotros el hecho de abordar junto a los usuarios los diferentes problemas que surgen al tener una idea y que ésta pueda llegar a ser tangible mediante unas pautas lógicas aplicadas en cada momento o situación, no deja de ser un hábito que por una parte les hace pensar y por otra les hace tomar decisiones. Si las decisiones fueron correctas o no, es algo que podemos evaluar por nosotros mismos y para ello necesitamos recordar lo que hicimos y cómo lo hicimos. Con esta herramienta podemos retomar el error y corregirlo sin que ello nos lleve a una situación de bloqueo que nos impida gozar de la realidad de vivir con hándicaps y sin ellos. El hecho de comprobar que una persona tiene la mayor parte del protagonismo en su vida es un punto de satisfacción considerable para intervenir en la mejora de su calidad de vida.
Ricard Escribano i Paco Gallego
Esclat 2

