| Número 44 - La Responsabilidad Social Corporativa | Otoño 2007 |
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‘El curioso incidente del perro a medianoche’, de Mark Haddon
El mundo de la literatura siempre se ha sentido fascinado por los comportamientos ajenos a lo que formalmente se ha considerado “normalidad”. Curiosamente fascina todo lo que se sale de los esquemas normalizadores y que paradójicamente suscita un grado de interés inusitado en el mundo de la creación literaria. Desde los autores clásicos, la literatura ha sido un referente a la hora de narrar historias protagonizadas por personajes marginados, atormentados por su incapacidad de adaptarse a un mundo que nunca los ha comprendido y que siempre los ha rechazado. Los perdedores, los enfermos mentales, los discapacitados y las personas no concordes con el sistema predominante constituyen una población de héroes dentro de un contexto literario que siempre han sido observados por los propios lectores como personas fascinantes y atractivas, sin embargo, paradójicamente, han estado malviviendo en una sociedad incapaz de entenderlos y considerarlos miembros de pleno derecho y no ciudadanos de segunda.
Mark Haddon, el autor, y Christopher Boone, el narrador de esta historia, nos envuelven en una aventura apasionante y compleja, pero al mismo tiempo encantadora. Christopher es un chico de 15 años que sufre un autismo ligero, sus intereses y habilidades en el campo de las matemáticas conviven con los rasgos más característicos de las personas con autismo. Obsesiones, fobias, manías y analfabetismo funcional para resolver todas las actividades que se derivan de la vida cotidiana y que obviamente son necesarias para la convivencia con el mundo del otro: desarrollo de los hábitos personales y sociales, dificultades por comunicar y comunicarse con los otros. Y siempre surge el famoso binomio de la arrogancia de quien esgrime el juicio como lo considerado la verdadera verdad: quien no comunica y no sabe comunicarse pierde la identidad. “No le comprendo..., no sé qué dice..., me cuesta mucho establecer una relación con él...”, son frases que acostumbran a repetirse ante un trastorno autístico y éste es precisamente el problema, es nuestro problema y no la dificultad del otro. Es nuestra impotencia la que posiblemente crea la separación entre estos dos mundos.
Haddon, el autor, con un humor inusitado y con una trama de lo más divertida, crea este personaje y se recrea con él. Es, cuando menos, un personaje peculiar y capaz de llegarnos no sólo por los caminos de la creación literaria sino por aquellos atajos que nos conducen a las sensaciones más emocionales. Hacer de una persona con autismo un héroe al estilo de Sherlock Holmes, que emula las peripecias más divertidas de este inmortal detective, es el gran atractivo de este libro, que algún día formará parte de la literatura con mayúsculas. Tal como dice la solapa de la contraportada del libro, y además en palabras de Oliver Sacks, esta pieza es “brillante”. Y yo añado que es un “diamante brillante de lo más brillante”, y encima divertido y riguroso en su planteamiento más científico. Precisamente, el autor trabajó con personas que sufrían discapacidades físicas y mentales. F
Jesús Simon

