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Associació Esclat Galeria Flash
Portada 44
Índice Número 44

Editorial
>> Construir puentes entre empresas y entidades

Tema
>> Responsabilidad Social Corporativa: Empresas y Consumidores socialmente responsables
>> La RSC y las entidades sociales

Apoyo familiar
>> Encuentro de familias y profesionales en La Conreria

Asociación
>> Cuentos de hadas: una experiencia enriquecedora

Recomendación
>> ‘El curioso incidente del perro a medianoche’, de Mark Haddon

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>> Un ciudadano consigue que el Parlamento pida cambiar una ley estatal para agilizar los procesos de incapacitación
>> Cena conmemorativa del 30 aniversario de la Asociación Esclat (1977-2007)

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Número 44 - La Responsabilidad Social Corporativa Otoño 2007

Tema >>
La RSC y las entidades sociales

Podemos definir la responsabilidad social corporativa como la contribución voluntaria y activa de las empresas a la mejora social, económica y ambiental, con la finalidad de mejorar su competitividad y su valor añadido, más allá de su objetivo prioritario como generador de riqueza y del cumplimiento de la legislación específica.

Esta idea nació a mitad del siglo XX, pero ha habido dos hechos decisivos que le han dado una gran relevancia: en el año 1999, en el Foro de Davos, Kofi Annan propuso a las empresas, organizaciones cívicas y laborales un pacto mundial con el fin de extender los beneficios de la globalización a todos los seres humanos, dando a entender que orientar los mercados hacia la colaboración con las personas menos aventajadas, o no hacerlo, es una cuestión de elección y no un capricho irremediable del destino.

El segundo hecho se produjo en el año 2001: la Comisión de la Unión Europea propuso el Libro Verde Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas, donde se las invitaba a invertir en su propio futuro llevando a cabo un triple balance económico, social y medioambiental que permitiera un avance en paralelo de estos tres grandes mundos.

El reto ya está encima de la mesa. A partir de esta fecha la empresa dispone de un nuevo elemento para incorporar en su engranaje. La acogida del concepto fue un éxito y más de 2.000 empresas europeas de 80 países se adhirieron a la idea.

En el momento de poner en práctica un concepto tan abstracto como el caso de la responsabilidad social es cuando surgen los problemas. Por este motivo se tuvo que normalizar mediante la ISO 26000, cuyo propósito es apoyar las organizaciones para mejorar sus estructuras en RSC, promover una máxima transparencia, hacer un ligero análisis de la posibilidad de realización de la acción, pero no certificar o legislar.

No podemos olvidar que la empresa desarrolla el rol de “creadora de riqueza” dentro del tejido de una sociedad desarrollada y es la responsable de aportar prosperidad no sólo a su entorno más inmediato, sino también a sus grupos de interés, para acabar finalmente repartiéndola a la sociedad en general y decidir qué tipo de comunidad construye a su alrededor.

Aunque las entidades declaradas de utilidad pública ofrecemos colaboración para la obtención de beneficios fiscales, mediante la LISMI (artículo 38, de obligado cumplimiento y sus medidas alternativas) o la bonificación del 35% del importe de las aportaciones sobre el impuesto de sociedades, no es ésta la esencia más pura de la RSC, aunque la incentiva.

Además de estas ventajas legales, para que la empresa tome conciencia de la necesidad de su colaboración, es necesario que le ofrezcamos nuestro apoyo en otros aspectos que hasta ahora no habían tenido demasiada trascendencia. El fortalecimiento de la imagen ética de la empresa, la nueva visión de cultura de empresa, la diferenciación frente a la competencia, la mejora del clima laboral, el valor añadido para influir en la opinión pública, el fortalecimiento de la relación con el entorno y la repercusión de la difusión publicitaria, entre otros, toman protagonismo en la visión global del concepto de empresa.

El camino para hacer realidad una relación de colaboración entre el mundo empresarial y el social se debe ir construyendo poco a poco y superando no pocos obstáculos, porque cada empresa que se involucra lo hace de una forma distinta: en especies de sus propios productos, por implicación personal de sus trabajadores en forma de voluntariado y también con aportaciones económicas o con convocatorias de premios y concursos.

Generalmente, las empresas que por sus propias características están relacionadas con actividades que inciden muy intensamente en el medio ambiente acostumbran a practicar la responsabilidad social mayoritariamente en esta área. Pero muchas de las grandes compañías orientan estas aportaciones en el campo social, principalmente, y algunas en favor del campo artístico y de conservación del patrimonio cultural, mediante sus propias fundaciones.

Nos podemos encontrar con grandes corporaciones pioneras en RSC que llevan muchos años desarrollando esta tarea y que han incorporado un departamento propio para trabajar en la línea social, que se ha ido desarrollando a medida que surgían nuevas ideas y que se iba consolidando el concepto. En función de las posibilidades económicas de la empresa, estas iniciativas pueden ser más o menos costosas y, por lo tanto, más o menos espectaculares; y en la repercusión mediática es donde se empieza a cerrar el círculo de la RSC, desde el punto de vista empresarial.

Otras empresas optan por no instalar dentro de su estructura este departamento, pero tienen la voluntad de trabajar en esta línea. Por eso escogen contratar los servicios externos de los llamados observadores sociales. Estos observadores se presentan como fundaciones o entidades privadas que recogen los datos que las entidades sociales aportamos, necesidades, preferencias y, naturalmente la más importante, transparencia de gestión; y las características de las aportaciones que quieren hacer las empresas para ponerlas en común y determinar cómo, con quién y dónde actuar.

Se debe hacer una mención especial a las empresas que de forma habitual y constante colaboran con las entidades sociales, mediante suscripciones o donaciones económicas periódicas, que nos benefician de forma directa y sin las cuales no serían posibles muchas de las pequeñas actividades que se llevan a cabo en el día a día.

Cuando nos presentamos ante una empresa como entidad social es importante tener un conocimiento previo de sus costumbres con respecto a la RSC y, si es posible, conocer el nombre de la persona responsable del departamento. En la mayoría de ocasiones de ello precisamente depende el éxito o el fracaso de la gestión inicial. Por ejemplo, una empresa dedicada a la fabricación de juguetes es lógico que realice acciones de RSC en determinadas instituciones dedicadas a la atención a la infancia, y no lo haga en otro campo que no esté tan relacionado con su producto final, ya que con la donación de sus productos acabados cumple perfectamente la RSC.

A veces no es fácil acceder a un departamento que en todas las empresas no tiene el mismo nombre, precisamente por la falta de homologación que comentaba anteriormente. Hemos podido encontrar desde el Departamento de Filantropía, hasta Marketing, Recursos Humanos, Relaciones Institucionales, Relaciones Externas, también puede llevar el tema personalmente el Departamento de Dirección, Departamento de Prescripciones, naturalmente, Departamento de RSC, etc. Por lo tanto, es necesario superar un pequeño filtraje a la hora de realizar la primera toma de contacto con el departamento adecuado, en caso de que no conozcamos la empresa.

El recibimiento que se nos ha dispensado en todas las empresas que hemos visitado siempre ha sido muy bueno y la predisposición que hemos encontrado, también. Ninguna de ellas ha regateado su tiempo con el fin de conocernos y ayudarnos a buscar la fórmula más adecuada para colaborar con nosotros. Esto nos anima a seguir con la búsqueda de recursos y colaboraciones de todas las características.

Las necesidades de las entidades sociales abarcan todos los ámbitos, desde el elemento más insignificante, pero necesario para desarrollar nuestra tarea, hasta la estructura material que lo alberga, pasando por el mantenimiento y conservación de cada uno de los servicios. Por eso todos los ramos empresariales y todos los procedimientos de colaboración son imprescindibles para estos organismos: las empresas que practican la RSC con la donación de sus propios productos acabados, porque incorporamos sus artículos en nuestro engranaje, y las que por sus propias características no pueden hacerlo de esta forma y lo realizan con otros elementos, porque facilitan la posesión de recursos que por otro medio no podríamos hacer.

Un ejemplo fue la donación de equipos informáticos portátiles, provenientes de su renovación, que nos hizo una importante empresa de biotecnología y que nos ha servido para facilitar extraordinariamente la tarea de nuestros profesionales. Otro ejemplo, el trabajo de pintar nuestros centros por parte de los trabajadores voluntarios de un importante laboratorio farmacéutico, que nos ha ayudado a mantenerlos acogedores y agradables.

Inicialmente podemos pensar que el concepto de empresa y el de entidad social son contrapuestos, pero hoy en día las compañías ya no acostumbran a tener la estructura de un solo jefe y un número determinado de trabajadores, como en el siglo XIX, sino que se van convirtiendo en grandes grupos de otras empresas, cada una de ellas con su capital humano, también con necesidades y susceptible de dar y recibir servicios, independientemente de resultados económicos. Y es en esta relación de trabajo paralelo donde tenemos que incidir incansablemente, tanto las entidades sociales como las empresas de cualquier medida.

Es evidente que hacer ir de la mano empresa y entidad social para que se dirijan hacia un horizonte común, beneficiándose mutuamente, supone un cierto esfuerzo por ambas partes, porque eso implica un cambio de mentalidad, pero realmente los rendimientos de esta colaboración superan con creces cualquier cuenta de resultados que no incluya esta complicidad.

Como entidad perteneciente al mundo social también tenemos que trabajar un nuevo elemento a fin de que la RSC no sea simplemente una declaración de buenas intenciones y hacer que el sistema empresarial y el social se acerquen, se conozcan bien y se valoren mutuamente como colaboradores y como valores imprescindibles el uno para el otro. F

Marisa Gascón
Associació Esclat

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