| Número 44 - La Responsabilidad Social Corporativa | Otoño 2007 |
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Responsabilidad Social Corporativa: Empresas y Consumidores socialmente responsables
Atrás ha quedado la idea de que la empresa se debe dedicar exclusivamente a mejorar el producto, producir al menor precio posible, promocionar con la máxima agresividad posible o identificar oportunidades para hacer negocios. Cada vez más las empresas han añadido a su estrategia la llamada responsabilidad social corporativa.
Esto significa que las empresas, además de identificar las necesidades y deseos de su público y satisfacerlos de una forma más efectiva que sus competidoras, deben preservar y contribuir a mejorar el bienestar no sólo de sus consumidores, sino el de toda la sociedad. La empresa tiene una responsabilidad hacia el entorno y la sociedad en la que lleva a cabo su actividad, y de aquí la importancia, cada vez más extensa, de considerar el interés público en la toma de decisiones.
Se debe tener presente que, en un mercado saturado como el actual, el consumidor –el de los países desarrollados, obviamente– valora cada vez más la oferta con valor añadido. Y hoy este distintivo también lo da la preocupación que puede tener la empresa en la defensa de los intereses públicos y los de la sociedad en general. En un mundo globalizado y cambiante, los ciudadanos valoran cada vez más la importancia de los comportamientos éticos por parte de las compañías.
Hasta hace muy pocos años, una empresa situada en Occidente podía contaminar el medio natural sin límites. Además de no haber control legal sobre las emisiones de tóxicos en la atmósfera o contaminantes en el agua de los ríos, tampoco había una preocupación social al respecto. Hoy, no sólo la legislación obliga a las compañías a adquirir compromisos medioambientales, sino que los consumidores lo exigen cada vez más.
Las empresas tienen múltiples formas de desarrollar este perfil social: dando apoyo a colectivos en riesgo de exclusión social o a personas dependientes mediante la colaboración de entidades que trabajan con ellas, realizando donaciones para obras caritativas, acciones de prevención, ayuda para la prestación de asistencia, promoviendo la investigación –especialmente en el terreno de la biomedicina–, contribuyendo a la rehabilitación de un entorno degradado, colaborando en campañas de sensibilización social en un determinado ámbito o promoviendo acciones de cooperación internacional en situaciones de emergencia en países que han sufrido guerras, epidemias o una catástrofe natural.
La responsabilidad social corporativa no es sólo llevar a cabo acciones de tipo social o medioambiental. Otras iniciativas de esta naturaleza pueden ser fomentar los derechos de los consumidores, promover la transparencia informativa, crear canales de comunicación directa con los consumidores, mejorar la calidad de vida de los trabajadores o introducir prácticas dentro de la empresa que fomenten la participación de los trabajadores en la toma de decisiones.
La lista de ejemplos es inmensa. La obra social de las cajas de ahorro es una clara muestra de ello. También las iniciativas que pueden promover empresas del sector alimentario, participando en campañas de fomento de la dieta mediterránea, como hacen grandes multinacionales como Danone, Freixenet o la vinícola Torres, colaborando con una fundación que tiene como objetivo dar a conocer los buenos hábitos alimenticios entre la población. Otro ejemplo en el campo alimenticio es la cadena de distribución Eroski, que promueve desde una página web sobre seguridad alimenticia (www.consumaseguridad.com) hasta un programa de ayudas a programas de cooperación en el tercer mundo.
En cualquier caso, se debe tener bien presente que la responsabilidad social corporativa no sólo está al alcance de las grandes empresas y multinacionales, sino que, en otro nivel, las pequeñas y medianas empresas e incluso los comerciantes de las tiendas del barrio también pueden llevar a cabo acciones de este tipo.
La responsabilidad social corporativa, pues, es un concepto global que va mucho más allá de herramientas tradicionales, como el mecenazgo o el patrocinio. A los consumidores no les basta que una compañía petrolera patrocine la información meteorológica en las televisiones públicas o que colabore con aportaciones económicas en la organización de exposiciones, festivales o conciertos. F
David Casals

