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Joana, de Joan Margarit
Leemos para distraernos pero también para hallar palabras que den nombre a lo que vemos y a lo que vivimos. Muchos escritores imaginan historias y nos las cuentan para entretenernos, pero hay momentos en que la escritura es el útil que permite al mismo autor a encontrar las palabras que le ayudan a decir, y a entender, lo que vive y lo que ve. Por eso hay tantos escritores que han escrito sobre las experiencias más íntimas, sobre las más emotivas, sobre las más dolorosas. Por eso, también, somos muchos los lectores que a menudo nos apropiamos de estos textos, los incorporamos a nuestra biografía de lectores, incluso a la propia experiencia vital. No porque nos hablan sólo de lo que vivió su autor, sino más bien porque también ponen palabras a lo que vivimos, lo que hemos vivido o tememos vivir, nosotros mismos.
Sin duda, uno de los momentos que pone a prueba nuestra capacidad de comprensión y de resistencia es la experiencia de la muerte. Y, de un modo muy especial, la experiencia de la muerte de un hijo. Pero ni tan solo ante tal trance estamos solos: otros pasaron antes por él, y entre ellos algunos escritores, que vencieron el sentido del pudor y lo convirtieron en materia de su obra. Recuerdo con una intensidad especial algunos pasajes de Paula, el relato que Isabel Allende tuvo necesidad de escribir sobre la enfermedad imprevista y la muerte de su hija en plena juventud. Y me acompañan especialmente los versos de Joana, el libr de poemas que Joan Margarit fue escribiendo durante la enfermedad y la agonía de su hija.
Joan Margarit ha escrito siempre una poesía directa, franca, que arraiga en su vida diaria. El amor, la contemplación del paisaje, la senectud, el amor en la vejez, el recuerdo de la infancia, el tiempo pasado atraviesan unos poemas que buscan la virtud de la transparencia y rehusan la tentación de la comodidad. Uno de los personajes más presentes en su obra es, naturalmente, su hija Joana, una chica que vivio con grandes dificultades, marcada por las limitaciones de la discapacidad, y sin embargo feliz, hasta sacudir las convicciones más hondas de su padre. Después de todo, la enfermedad final y la muerte no podían no impregnar los versos de Margarit, que le dedicó un libro entero. Un libro que enseña a encontrar el camino para “después buscar | dentro de mí tu voz perdida”, la voz perdida de cada una de nuestras joanas.
Oriol Izquierdo