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La discapacidad en los medios de comunicación
Índice Número 40

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>> El riesgo de los medios de comunicación

Tema
>> Hablar de ello, cuando nadie se lo espera
>> Telehumillación, la lógica del share

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Número 40 - La discapacidad en los medios de comunicación Otoño 2006

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Hablar de ello, cuando nadie se lo espera

Hablamos de la discapacidad cuando se inauguran instalaciones sin barreras arquitectónicas, cuando surge un medicamento que mejora la calidad de vida, cuando un equipo de investigadores lleva a cabo un experimento con ratones que podría a la larga aplicarse a los seres humanos, cuando se abre un nuevo servicio o se funda una nueva iniciativa, pública o privada. Hablamos de la discapacidad siempre como un problema a resolver, a abordar, porque forma parte de los aspectos de la realidad marcados como "no resueltos" en el imaginario de cada uno. Las personas con discapacidades son personas a quienes, efectivamente, la Administración debe hacer un seguimiento específico y que merecen una atención especial. Pero, ¿los medios de comunicación, qué actitud deben tener sobre estas personas?

Habitualmente, los medios de comunicación reflejan una mirada oficializada e instrumental sobre la discapacidad. Una mirada que trata de ser positiva, pero que siempre se plantea desde las mejoras, desde la especificidad del "problema". Existen reportajes periódicamente sobre las mejoras urbanísticas de pueblos y ciudades en términos de accesibilidad. Vemos a un compañero periodista que hace el ejercicio de situarse en una silla de ruedas y experimentar las dificultades de una persona con problemas de movilidad en medio de la ciudad. También se elaboran piezas sobre los centros de atención precoz o sobre los talleres de trabajo para personas con disminuciones psíquicas. Estos productos son necesarios, imprescindibles, para que la sociedad conozca los mecanismos de vida y las dificultades a las que se enfrentan las personas que no conviven a su alrededor con las cartas marcadas por un accidente o por nacimiento, pero estas informaciones no ayudan precisamente a construir una sociedad que hable a todo el mundo de tú a tú, que deje de hablar de normalidades y de anormalidades. Son informaciones que, si son las únicas que surgen, contribuyen todavía más a generar barreras psicológicas, distancias.

Así pues, una posición que podría ayudarnos a acertar la estrategia es preguntarnos cuál es la mirada que quieren ver las personas con discapacidad sobre ellos mismos para que se sientan parte integrante de la realidad social. Debemos preguntarnos si se sienten satisfechos de ser siempre protagonistas de la noticia, y nunca, sencillamente, espectadores de lo que pasa a su alrededor, que también lo son, como todos nosotros. Voten o no voten, reciben los efectos de la gestión pública, van al cine, leen libros, son consumidores de tiendas. Y así, pues, ¿por qué nunca se les pregunta cuál es el último libro que han leído o si les ha gustado la última película de David Trueba? Porque, claramente, no pensamos en ellos como ciudadanos como nosotros.

Las personas con discapacidad, sea del tipo que sea, a menudo oyen hablar de ellas, con ellas enfrente, sin que nadie les pregunte directamente. Si hacemos memoria, seguro que nos reconocemos en alguna ocasión respondiendo preguntas que han sido dirigidas a ellas o ignorando su propia autonomía para tomar decisiones. Nos pasa a todos y nos vemos empujados a ello, entre otras cosas, porque el modelo mediático que se ha impuesto sobre las personas con discapacidad es el modelo de la dependencia, y no el de la autonomía. Nos hemos acostumbrado a hablar en boca de ellos, como si no tuvieran su propio criterio o su propia visión de lo que pasa. En algunos casos, pedirles su opinión puede tener más o menos dificultad, pero siempre hay una visión propia que es imprescindible conocer, para poder querer y entender a la persona que en algún aspecto de su vida cotidiana es diferente o se debe comportar de manera diferente a los otros. Si esta actitud nos pasa en la vida privada con las personas que más queremos, ¿cómo no nos va a pasar en los medios de comunicación?

Debemos perseguir un proceso de integración de forma que las personas que sufren una discapacidad, la que sea, se sientan reflejadas en los medios como otros miembros más de la sociedad. Esta es una reflexión que hace falta incorporar de forma sistemática en la dinámica de los medios de comunicación. Las personas con discapacidad no pueden ser únicamente protagonistas de las noticias que les afectan directamente, sino de todas las otras, que también les afectan, como ciudadanos. Este mecanismo tan sencillo ya sería un gran paso adelante. Por ejemplo, a menudo los informativos de televisión ponen el micrófono para conocer la opinión de las personas sobre lo que pasa. Una forma de modificar la mirada sobre la discapacidad sería sistemáticamente incorporar a las personas que sufren alguna en estas encuestas. O escucharles en debates que no sean para hablar de sus propias dificultades. Si lo quieren y les conviene, deberemos poder ver personas con discapacidad en el Congreso y en los Parlamentos, ejerciendo de diputados y diputadas, pero encima de todo escucharles opinar sobre política, como ciudadanos claramente integrados en una estructura que va más allá de sus características específicas. Es necesario romper la imagen de estas personas "especiales", para incorporarlas de forma natural en la vida civil que compartimos todos. Y esto, a excepción de algunas telenovelas que han contribuido a explicar y a normalizar la discapacidad, no es habitual. En este sentido, vale la pena subrayar el modelo que han marcado los dramáticos de Televisión de Cataluña. En la mayoría de sus telenovelas de éxito, han acertado al incorporar como protagonistas personajes con discapacidad y les han hecho vivir circunstancias relacionadas con las dificultades que tenían, aunque, sobre todo, vivencias comunes a todos (enamorarse, sufrir, preocuparse por los otros). Esta incorporación sistemática en los dramáticos, en el imaginario social, contiene una gran dosis de mirada integradora que facilita la percepción pública que reivindicamos en estas líneas. Deberíamos tomar ejemplo, desde los informativos, para tratar de continuar con una actitud que creemos un acierto para construir una percepción social que aleje la mirada de dependencia y anormalidad, asociada durante décadas, a las personas que sufren alguna clase de discapacidad.

Tardaremos en conseguir que estas personas dejen de sentirse protagonistas sólo por las cartas que les ha repartido la vida sin haberlas escogido. Pero los medios de comunicación, del mismo modo que hacemos en otros ámbitos, podemos contribuir a acelerar el proceso. De protagonistas de un problema, a espectadores de los problemas que tenemos todos. Ésta, para empezar, sería una mirada distinta a la que conocemos hasta ahora.

Mònica Terribas

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