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Número 38 - Deporte y discapacidad Primavera de 2006

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Andrés Aberasturi, Un blanco deslumbramiento (Palabras para cris)

No hay dos situaciones iguales. Si esto es verdad en general, aún lo es de un modo más intenso en situaciones como las que vivimos nosotros. En el mundo de las personas con discapacidad, y muy especialmente en el caso de las personas con parálisis cerebral o con afectaciones similares, cada caso es un mundo y la generalización es no sólo injusta sino llanamente imposible. Y a la vez debe ser en parte por esto, porque evitan en todo momento la generalización y remiten sin excusas a un caso particular, que los versos que Andrés Aberasturi dedicó a su hijo Cris nos pueden ayudar a explicarnos, también, desde la propia vivencia personal.
En enero de 1980 nació Cris, hijo del periodista Andrés Aberasturi (Madrid, 1948), su hijo con parálisis cerebral, como lo presenta él mismo. Casi veinte años después, una mirada de Cris a la hora de darse las buenas noches actuó como detonante y Aberasturi empezó a escribir la historia de aquel hijo “con el que tantas cosas habíamos aprendido”. Meses después, aquella historia, escrita y reescrita, recortada y depurada, tomó la forma de este libro de versos directos, asequibles y cargados de desconcierto y de esperanza.
Un blanco deslumbramiento está estructurado en cuatro partes que responden a dos momentos clave de la experiencia de tener un hijo con discapacidad profunda. Primero, “lo que sentí en aquellos primeros días”, que ocupa las tres primeras partes (la experiencia de cuidados intensivos en “La quinta planta”; la dificultad de reconocer el propio hijo en aquel manojo de carne, en “El hijo”; la relación que se establece con la madre, en “El encuentro”). Después, en la última, “lo que siento ahora”.
Este recorrido desde el origen hasta ahora presenta una sucesión de blancos deslumbramientos, desde la noticia de la situación, que golpea, hasta la rara satisfacción de los últimos poemas. Deslumbran hasta hacerte cerrar los ojos el dolor y el pánico; deslumbra también, pero te los abre, la mirada que sonríe de aquel hijo único. “Por eso | para sus labios | invento yo sonidos | y fabrico palabras | que tengan el tamaño de su boca.” Por eso, “con esas palabras que le hago | en noches como esta, | cuando mi hijo sueña | es un canto”.

Oriol Izquierdo

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