| Número 38 - Deporte y discapacidad | Primavera de 2006 |
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Lenguaje, emociones y nuevas tecnologías en el alumnado con pluridiscapacidad
Definir el lenguaje es complejo si tenemos en cuenta las distintas disciplinas que intentan explicarlo y definirlo. Tal es el caso de las llamadas neurociencias, psicología del desarrollo, psicología cognitiva, neurolingüística, etc.; pero si además queremos definirlo partiendo de la experiencia acumulada a lo largo de los últimos 25 años, posiblemente nos parecerá más difícil todavía.
En este colectivo con pluridiscapacidad, la intervención del logopeda tiene que estar determinada y conducida por los avances e investigaciones de estas ciencias especializadas; es más, el profesional tiene que estar al día de los descubrimientos científicos y de la reformulación de teorías conocidas o de la creación de otras más innovadoras.
Cuando reflexionamos sobre nuestro alumnado, sobre su comportamiento, su equipo biológico base o sus habilidades lingüísticas o comunicacionales, nos damos cuenta del alcance de una frase que hemos rescatado de un filósofo (Wittgenstein) que dice: “Las limitaciones de mi lenguaje son las limitaciones de mi mundo”. Puede que no sea una definición demasiado académica sobre el lenguaje, pero nos sirve para ir construyendo nuestra reflexión.
Cuando un niño o niña llega a la escuela, aunque manifieste muchas dificultades en las habilidades lingüísticas y/o comunicacionales, posee un tipo de comunicación propio y específico, y que es producto de la simbiosis que se establece entre él/ella y la madre. Indudablemente este lenguaje simbiótico no tiene la consideración de código universal, sin embargo, la madre, a través de lo que llamamos “sobreinterpretación” (von Techner), de hecho recibe información sobre los distintos estados psíquicos de su hijo. De una forma intuitiva, pues, las madres y padres nos informan e interpretan los gestos, miradas, los sonidos inespecíficos, los protoimperativos, protodeclarativos, los cambios posturales o el aumento o disminución del tono motor, otorgándoles contenido comunicativo y significativo. Esta intuición, la mayoría de las veces subjetiva, hay que reorientarla hacia la creación de un código comunicativo más objetivo, más universal, capaz de ser entendido no sólo por los padres o el entorno familiar, sino también por el entorno escolar y social. Nuestra tarea consistirá en construir un código lingüístico más objetivo, que sea funcional no sólo en el ámbito familiar sino también en un entorno más amplio y generalizado.
Una grave patología neuromotora y una intensa discapacidad intelectual caracterizan a nuestro alumnado, por tanto, tenemos que suponer que tanto el pensamiento como la acción son las principales dificultades con que nos encontramos al hacer estimulación e implantación del lenguaje. Los dos, pensamiento y acción, operan de forma recíproca interviniendo en la construcción del mundo que nos rodea, y nos informan sobre la experiencia que de este entorno nos llega. Está claro que si no dispongo de estas herramientas para formular preguntas sobre lo que me rodea o que soy capaz de experimentar, difícilmente podré interpretar las claves que el mundo me ofrece y, por tanto, es lógico que se pueda afirmar que “… las limitaciones de mi lenguaje serán las limitaciones de mi mundo”.
¿Qué procedimiento utilizaremos para construir este entorno que nos facilite el intercambio? Creemos firmemente que es modelando el mundo de las emociones. La organización del mundo emocional permite que las acciones sean intencionales y significativas y que actúen sobre las personas, los objetos y sobre las relaciones con lo que nos rodea. Cuando el niño nos informa sobre sus emociones y sobre la necesidad de ser expresadas, hace que el adulto, destinatario del mensaje, se interese por sus manifestaciones y eso le permite establecer canales de comunicación motivando nuevos enlaces de intercomunicación. Motivar sería el denominador común, sería el objetivo básico para establecer circuitos comunicativos.
Dentro de las múltiples funciones del lenguaje, la función expresiva es capital para la evolución posterior de la adquisición del lenguaje. Es la primera que aparece y es la que permite al niño expresar sus necesidades, deseos, estados de ánimo y preferencias.
Para construir un mundo emocionalmente equilibrado hay que movilizar el entorno, tenemos que hacer un entorno que posibilite una construcción mental de las experiencias y, además, que estas sean vivenciadas.
El aprendizaje de un tipo de comunicación, si no tiene la categoría de ser vivenciado, no tiene valor; no es un aprendizaje funcional ni significativo. El entorno o el contexto del niño tiene que ser rico, estructurado, tiene que construirse a su medida para, posteriormente, poder ser adaptado a la realidad cotidiana.
Dicen que “… no hay texto, es decir, lenguaje, sin contexto” entendido este último como el conjunto de circunstancias que envuelven al individuo: territorios, espacios, relaciones, acciones-reacciones, casa, familia, escuela y entorno social. Organizando el mundo de las emociones facilitamos la necesidad de expresarlas, será necesario, pues, buscar el sistema comunicativo o código lingüístico más adecuado para transmitir la información que nos quiere proporcionar el niño.
Pero para todo eso se requieren herramientas, estrategias, técnicas… ¿Cuáles?
Creo que la mejor forma de aprender es enseñar. Han sido estos 25 años de práctica lo que me ha hecho reflexionar sobre cuáles son los recursos, estrategias y técnicas que posibilitan y favorecen la estimulación del lenguaje y la comunicación entre nuestros pequeños. Además de las técnicas propias de los logopedas, utilizadas para mejorar la pronunciación o los niveles de representación mental mediante fichas que ilustren acciones y situaciones, etc., han sido los sistemas alternativos y aumentativos de comunicación y la informática, junto con las nuevas tecnologías (videoconferencia), los grandes innovadores de la técnica aplicada a la reeducación logopédica.
Decía von Humboldt que el lenguaje incluye “el uso infinito de medios finitos”, supongo que si estuviese vivo en el siglo XXI pensaría que los medios, fundamentalmente los tecnológicos, son cada vez más variados y cada uno más innovador. Con la irrupción de las nuevas tecnologías, de la informática y de lo que llamamos espacios virtuales, el cerebro procesa y retiene información con una versatilidad envidiable.
Pero empecemos por los Sistemas Alternativos y Aumentativos de Comunicación. Esclat ha sido una escuela pionera en la aplicación de estos sistemas, más concretamente en la enseñanza del Sistema Bliss, i eso se hizo a finales de los años 70. Creo que fueron una pequeña revolución porque muchas personas que conocí tuvieron la oportunidad de comunicarse rompiendo con un entorno que era opaco y cerrado, producto, obviamente, de un aislamiento interno y de un silencio existencial. I todo eso se hizo realidad al disponer de un código de comunicación que les permitió recuperar, como miembros de pleno derecho, la categoría de ser persona; el derecho a pensar y a expresar lo que creían oportuno. El hecho de tener y de utilizar el lenguaje les confirió una conciencia singular, fueron protagonistas de su propia existencia, que les hizo formar parte de esta gran familia que constituimos la especie humana.
Otros sistemas informáticos, que por cierto han mejorado con el tiempo, como el visualizador fonético, fueron claves en su momento, ya que nos abrían nuevas perspectivas de aplicación a la reeducación fonológica y articulatoria a través del binomio estímulo-respuesta o mediante el feed-back que el alumno establece a partir de la aplicación de estos programas.
Últimamente también hemos utilizado la videoconferencia como herramienta válida para fomentar la comunicación entre alumnos de nuestro centro y usuarios del Centro Ocupacional 2, estos últimos antiguos alumnos. Este ámbito abre caminos múltiples, porque a través de la técnica nos podemos intercambiar información entre las escuelas y configurar unidades didácticas con objetivos específicos. A la vez somos conscientes de la efectividad didáctica del uso de otras herramientas como Internet, aunque nuestros alumnos, condicionados por sus carencias cognitivas no pueden hacer uso de ellas.
Aprender a hablar o a comunicarse es complejo; hay tantos dispositivos especializados que cualquier circuito que falle nos comportará múltiples problemas. Comunicarse nos hace más humanos, más libres, porque nos hace crear criterio. La prisión del silencio se tiene que combatir con el derecho a utilizar un lenguaje, esto nos liberará del aislamiento.
Aprender a hablar o comunicarse es como “…cargarse el mundo sobre nuestras espaldas sin que los objetos nos opriman o nos aplasten”, tal es el talante y la dimensión del lenguaje, complejo, producto de una evolución biológica, fascinante y a la vez tan necesario.
Jesús Simon

